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viernes, 1 de noviembre de 2013

III. El agua clara de la sandía mexicana frente al pato podrido del señor Malraux

"Me arrepiento de no haber entendido el significado de la arquitectura orgánica en los años de mi juventud. Posiblemente, de haber practicado las enseñanzas de Wright en vez del funcionalismo, habría dejado en mi patria una obra más importante. Y ahora veo que como arquitecto no he dejado nada porque la única obra de valor propiamente arquitectónico construida por mí, fue la casa de la Avenida San Jerónimo 162, destruida por su nueva propietaria."

Es posible que a Juan O'Gorman se le recuerde por aquello que él preferiría olvidar y no me refiero a los impresionantes mosaicos de la biblioteca de la UNAM sino a las dos casas situadas en la calle Altavista o al refugio al que se retiró aunque, según él, era feito pero cómodo "como unas viejas pantuflas". 
Por lo que leo de un libro gastado y rosa, O'Gorman fue uno de esos artistas comunistoides cuyo compromiso con el pueblo mexicano quedó registrado en los murales -siempre coloridos, siempre didácticos-  y cierta condescendencia hacia europeos tipo Malraux con quien, de hecho, tuvo un encontronazo.

Amelia Earthart.
Detalle de mural "La conquista del aire por el hombre"


Fue, sin embargo, uno de los primeros exponentes del funcionalismo, estilo del que acto seguido se divorció, pues para él representaba un gusto académico, elitista y anti regionalista, cuyo objetivo estético "es el aburrimiento total".
Solo salvó de la quema a Barragán y Goeritz que, aún siendo modernos, dieron a su arquitectura una dimensión escenográfica. Si con sus líneas serenas uno buscaba a Dios, el otro dio con el Demonio, llegó a escribir. (La cita no es exactamente así pero es como la recuerdo). Cansado de vivir en cajas de cristal, O'Gorman compró un terreno. Dinamitó un montículo de lava formando una cueva con dos brazos, con los escombros hizo las paredes y una torre. Un saliente de roca viva lo usó de techo para la sala y el comedor. Su gruta podría interpretarse como un bofetón al estudio-taller de Rivera que él mismo proyectó. Atención al contraste:

Primera casa funcional. San Ángel, 1929
Miedo, 1949
En cuanto a la biblioteca de la UNAM, pasó algo raro. Se diría una superposición de ambas imágenes. Si el edificio es un cubo muy en la línea del Estilo Internacional, su fachada no es de hormigón armado ni vidrio. La envuelve un rico mosaico hecho con miles de piedras autóctonas para el que necesitó 40 albañiles y un año. Pese a reconocer su importancia, O'Gorman hizo suya una crítica de aquella obra que decía que lo de la UNAM era como "una gringa vestida de chinga poblana." ¡Viva! Supe de esta frase después de haberlo visitado y debo decir que yo, en cambio, vi un enorme radiocassette. (Cada cual es hijo de su época) En cualquier caso, es muy bello por los colores y porque está plagado de detalles sobre el progreso y el conocimiento.

Biblioteca de la UNAM, 1950-1951
Por lo que sé del libro gastado y rosa, sus desencuentros con la arquitectura (por depender demasiado  de cuestiones económicas), lo llevaron a inclinarse más hacia la pintura. En una ocasión se retrató cinco veces en un sólo lienzo. Siempre disconforme, incluso consigo mismo, se aseguró su desenlace con un suicidio en tres partes.

1. Tomó cianuro
2. Se colgó de un árbol
3. Y se pegó un tiro.

Ni Max Aub.
Si vais o estáis en México os recomiendo que visitéis sus murales y edificios. Hay talento.



jueves, 24 de octubre de 2013

II. Palabras de aliento: Nuestra tecnología existe y triunfará

En estos días de desasosiego —tanques contra cañeros, los trabajadores apoderados de la Universidad, presidentes que se quejan de que las potencias quieren enseñarnos el ABC, etc.—,me he puesto a darle la vuelta a mi casa en busca de pruebas de la existencia de la tecnología mexicana, único antídoto contra la amenaza más grande que se cierne sobre nosotros: la tecnología importada. El resultado de mis paseos es el mismo que obtengo cada vez que me pongo a examinar este problema. ¿Que no hay tecnología autóctona? Mentira. ¿Que todo lo que hacemos de acuerdo con patrones importados? Falso. ¿Que los mexicanos no hemos inventado nada en los últimos cuatrocientos años? Error craso. Yo creo y sostengo que a fuerza de importar ideas extrañas y de copiar productos extranjeros, hemos logrado, gracias al toque inconfundible de nuestras manecitas y a la penetración característica de nuestros cerebros, producir un medio ambiente especial, auténtico, que no se parece a ningún otro y que es manifestación de algo que podemos llamar con cierto orgullo, y sin temor a equivocarnos, la tecnología nacionalista. Detengámonos por ejemplo a examinar mi cama. En ella encontramos dos productos que son típicamente mexicanos y que no se encuentran en ninguna otra parte: la sábana que no llega al otro extremo de la cama y la cobija chorizo que a lo largo le da vuelta y media a la misma, pero que es suficientemente estrecha para que el durmiente no pueda moverse sin descobijarse la espalda.

Pasemos al baño. Ahí encontraremos varios objetos que son mexicanos como el moles. Tenemos por ejemplo este aparatito que sirve para colocar los cepillos de dientes y el vaso. No es un diseño perfecto pero, ¡qué original! En primer lugar notemos que está hecho de un material tan resistente y está tan bien empotrado que es capaz de soportar el peso no sólo de un vaso de plástico y cuatro cepillos, sino del dueño de la casa en el que caso de que se le ocurra ahorcarse colgándose del cepillero —y en el caso también de que sea enano, porque el cepillero está a un metro cuarenta del piso—. Pero observemos el hueco especial para colocar el vaso. Si ponemos el vaso boca arriba se precipitan las sales carbonatadas que hay en los residuos y manchan el fondo del vaso; si lo ponemos boca abajo, el agua sale y se queda estancada en la porcelana, que no tiene desagüe, formándose así un criadero artificial de paramecias, amibas y, en caso de descuido notorio, ajolotes. Abramos ahora la alacena que está sobre el lavabo. Está hecho de acero inoxidable —¡ja, ja, ja!—. En su interior encontraremos otro invento mexicano. Es una sustancia que es buena para el hígado, fabricada en los laboratorios Xochipili, en la calle de Talismán. Esta sustancia, que es bastante eficaz, tiene un defecto que me interesa analizar, por estar relacionado con el asunto de que estamos tratando: consiste en que sus inventores nunca se dieron cuenta de que las botellas de cuello estrecho son para almacenar líquidos, no sólidos en polvo como el producto que ellos fabrican. Pero si cometieron este error, en cambio sí tuvieron ingenio suficiente para sustituir las botellas de vidrio transparente que usaban antes por otras de plástico opaco, lo que permite que el que compra el producto no se dé cuenta que la botella está llena a medias antes de salir de la botica. Esto, acéptenmelo, es tecnología nacionalista. Si los laboratorios Xochipili exportaran estarían metiendo divisas a montones.

Pasemos ahora a la antecocina. Allí encontramos, en ligar prominente, una batería de botellas de licores del país. Cada vez que quiero abrir una de ellas me salgo al patio de servicio con un desarmador, un pica hielo y un martillo —herramientas a las que he agregado a últimas fechas un fórceps—. Dígame alguien que esto no es típicamente nuestro. Pero esta parte del estudio que estamos haciendo merece una segunda reflexión. ¿Cuál es el objeto de poner en la boca de la botella una válvula que permita la salida pero no la entrada de líquido? Muy sencillo. Evitar que comerciantes poco escrupulosos saquen licor bueno y rellenen la botella con un licor de inferior calidad. Ahora sabe uno que lo que sale de la botella y cae en el vaso es lo que pusieron los fabricantes, no, lo que puso el gachupín de la esquina. Desgraciadamente para los fabricantes, la válvula de que estoy hablando es un arma de dos filos, porque garantiza que lo que la botella tiene dentro es auténtico, no que sea bueno. Cuando prueba uno el licor y le sabe a rayos, ya sabe que es malo de origen.Pero esto de que porque la botella viene con una válvula de plástico en la boca, el licor es de origen, es muy relativo. Y ahora, mucha atención porque aquí voy a dar un consejo que constituye mi contribución a la tecnología mexicana y al fomento de nuestras exportaciones. Mi proposición es la siguiente: vamos a falsificar las botellas de todos los licores de prestigio que se producen en el mundo y todas las etiquetas. Vamos a llenarlas con una imitación de esos licores hecha en el país; vamos a sellar las botellas con estas válvulas de garantía; vamos a invadir el mercado internacional con estas falsificaciones hasta lograr que se desprestigien los licores más prestigiosos. De esta manera, el mercado internacional quedará libre y listo para ser invadido por las auténticas exportaciones mexicanas. 12-01-1973

INSTRUCCIONES PARA VIVIR EN MÉXICO. Obras de Jorge Ibargüengoitia.

martes, 22 de octubre de 2013

I. “Soy un cadáver: ¿qué me impide hacerme el autorretrato?”

Lluís Ferran de Pol fue uno de los muchos republicanos que al acabar la guerra tuvo que exiliarse a México. De entre los relatos que escribió, me acuerdo sobre todo de Suïcidi a la matinada, en el que un fotoperiodista se va encerrando en sí mismo hasta quedarse sin escapatoria. Su malestar, sin embargo, no viene de la nada. Está muy vinculado a su profesión y al hecho de que, de pronto, sus imágenes tengan un gran reconocimiento público cuando para él son solo un vicio secreto, aquello de lo que se sirve porque le falta talento para ser pintor.

Portada La Prensa
Al margen del ya manido debate sobre lo que aporta cada disciplina, me chocó que este cuento diera una visión tan siniestra de la fotografía. Quizás tenga algo que ver que el protagonista se iniciara en la práctica casi por obligación. De pequeño roba una cámara y se encuentra con que para no ser delatado debe usarla. Por eso, al mirar a través del visor se siente raro, como si con cada click despojara al mundo de un fragmento. “¿Te has fijado lo que se parece una cámara a una pistola?”- dice en un momento. Y durante un tiempo vive como un asesino en serie que es extrañamente celebrado. 
Cuadro del estrangulador
 Al ir a DF entendí de dónde venía esa visión. Caminando por la calle, me asaltaba de vez en cuando la imagen de una cabeza cortada, una mujer violentamente agredida, un incendio, un coche hecho papilla o alguien colgado de un árbol, con titulares a bocajarro tipo: “¡Lo hizo!”, “Exprimen su jugo”, “Hallazgo macabro”... El relato de Ferran de Pol es de 1954. Entonces ya era noticia Goyo Cárdenas, un serial killer del que se escribieron miles de crónicas, a cual más insólita, y hasta una canción, porque no sólo acabó en libertad, pintando cuadros, sino que asistió al Congreso, donde fue aplaudido como ejemplo de rehabilitación social. 

Ya lo pueden decir: México es surrealista, aunque mil poetas traten de darle una expresión nueva. (Por cierto, su Octavio Paz es como Le Corbusier en arquitectura: hay un antes y un después). Los sabores estallan en el paladar y aniquilan el gusto, el tequila es como una cerilla que recorre el cuello y lo vuelve estufa. Y luego está toda esa vegetación, colorista e implacable. Los árboles van desfigurando el asfalto con sus raíces, de modo que el suelo parece como suspendido en un temblor que nadie se va molestar en corregir, quizás en recuerdo de catástrofes mayores como el terremoto del 1985 del que todavía quedan edificios notablemente inclinados. De hecho, muchos más de los que imaginé, como es el caso del piso al que posiblemente se mudará mi hermano con su mujer y su hija, donde la puerta del baño tiende a abrirse hacia fuera para encontrarse con la pared, y sin calcularlo uno puedo ver cómo rueda una botella vacía por el pasillo. Pese a esto, tiene mucho encanto. 

México sabe improvisarlo, aunque eso no quita que necesite a cronistas intrépidos, casi equilibristas, como el gran Enrique Metinides, al que han rescatado con una monografía. Según cuenta este profesional de la nota roja que empezó de niño sacando fotos a la pantalla de un cine por la que desfilaban gángsters, en su carrera, lo atropellaron dos veces, tuvo un infarto, se rompió seis costillas, sufrió 19 "volcaduras" de vehículos y pasó varias horas atrapado debajo de las vigas de un edificio. A él se le debe la imagen del cuerpo sin vida de la periodista Adela Legarreta, que al salir de la peluquería fue arrollada por un Datsun. Imagino que Helmut Newton y los dandys de Vogue quedaron alucinados por ese momento tan próximo al último soplo... Observad:



29 de abril de 1979. Metinides ©



lunes, 1 de octubre de 2012

II. Del puerto a la manufactura

En uso
¡Más descubrimientos!  La High Line es una antigua línea de tren que antiguamente abastecía a los almacenes ubicados cerca del puerto. En ciertos puntos, sus vías se perdían por dentro de los edificios, atravesándolos, para reaparecer al otro extremo. Entre las mercancías que se distribuían había carne, leche y materias primas.












En desuso
... Y junto a las materias primas nació la manufactura. Una de las primeras industrias en desarrollarse fue la de la confección. La iniciaron inmigrantes judíos que trabajaban desde sus propias casas. Más tarde, los que hacían patrones, cosían y planchaban se reunieron en una sola planta cuadrada, mucho más grande y diáfana. Así nacieron los primeros lofts industriales. Contribuyó a su expansión, la llegada del ascensor y la luz fluorescente que iluminaba las plantas más allá de los 20/30 “pies”, haciéndolas ganar profundidad. En la década de los veinte, estos bloques ya se habían comido varias avenidas -exactamente de la quinta a la novena (Garment District) y algunos de los que empezaron agachándose para tomar medidas a una pierna, acabaron convirtiéndose en importantes agentes inmobiliarios. Sus negocios cambiaron para siempre la fisionomía de la ciudad.
Curiosamente, en el Museo de Nueva York comentan que existen muy pocas imágenes originales de estos edificios. Al nacer con un rol puramente funcional, rara vez se les dedicó atención en las revistas de arquitectura o diseño de la época. Sólo Berenice Abbott los retrató como parte de un trabajo más extenso (Changing New York). De hecho, si existe un registro es casi por accidente: al Departamento de Hacienda se le ocurrió fotografiar manzana a manzana la ciudad, como parte de su Tax Photo Collection.

Lofts numerados como registro de Hacienda

En 1911, uno de estos lofts se incendió. Para evitar robos, se bloquearon las puertas de salida lo que hizo que varios trabajadores acabaran tirándose por la ventana. Murieron 146 personas, muchas de ellas, mujeres. A raíz de esta tragedia surgió uno de los primeros sindicatos importantes, el International Ladies' Garment Workers' Union, que presionó para que se fijaran estándares de seguridad. Con la llegada de los autopistas, el negocio se desplazó a las afueras de la ciudad donde la influencia de los sindicatos era menor. De abastecer al 95% de la demanda americana, este distrito pasó a servir sólo a un 5%. Hoy existe una ONG que lucha por su preservación.
Y es que una de las cosas que me más me ha sorprendido de Nueva York son las campañas anti-/pro-cualquier cosa. Por muy individualistas que parezcan, a la que no están de acuerdo con algo, los yankees ya están recaudando fondos para elimanarlo o salvarlo. Si la High Line es hoy un paseo peatonal, es gracias a los vecinos de Chelsea. Ahora toca la Low Line. Lila y yo fuimos a la inauguración, que se hizo, también, para captar donaciones. Se trata de crear un jardín subterraneo bajo otra línea de metro abandonada, la que conecta con el puente de Williamsburg, instalando en el techo un sofisticado sistema que filtra la luz solar. La primera impresión fue algo asfixiante. A ver qué pasa...
 
Low Line. Antes
Después...

domingo, 30 de septiembre de 2012

I. Una alegoría económica en forma de cuento infantil

Creo que forma parte de mis viajes escoger mal las lecturas. Me marché el 10 de Septiembre con un Weekend d'estiu a Nova York de Pla, Air Guitar: essays on art and democracy de David Hickey y Las palmeras salvajes de Faulkner. Pla es Pla y en diez días de 1954 le sacó el brillo que pudo a la ciudad de los rascacielos. En cuanto a Hickey es un comisario que escribe a lo gonzo y vive en Las Vegas. Como aborrece a los académicos habla de Perry Mason, los dibujos animados y Flaubert (freaky!). De la novela de Faulkner diré que es una maravilla absoluta pero por mucho que se deborde el Mississipi, nunca llegará al noreste. Así que en este viaje me han acompañado: un paisaje superado por los años, otro que viene del árido desierto y un tercero bien empantanado. En fin, nada de esto tiene que ver con NY... y no será que la ciudad no se ofrece a los contrastes.

Flujos
Zona cero. Leo que los indios vendieron Manhattan por 24 dólares. Aunque un italiano la visitara antes navegando bajo la corona de Francia, fue un inglés patrocinado por una compañía neerlandesa quien la puso en el mapa. Luego holandeses y británicos se la disputaron y lo que se llamó New Amsterdam acabó siendo New York.
Si Koolhaas interpreta esta ciudad como una desbordada proyección de lo que en su día sólo fue un parque de atracciones (Coney Island), desde Water Street se ve un puerto que se fue extendiendo hacia el norte (Bronx) y el este (Brooklyn/Queens) con el progresivo desarrollo del transporte (por mar, tierra -tren/metro- aire y finalmente carretera). ¿Será por eso que celebran tanto sus puentes? Se diría que a esta ciudad le pasa como al capital: siempre necesita moverse. Su crecimiento depende de ello. Mercancías que salen y entran. Puertas giratorias que chupan y expulsan a gente. Pla dice que aún así, no es ruidosa. Yo digo que puede ser tranquila porque con mesas y algo de jardinería hay parches que hacen de pausa. Y luego este ese pulmón llamado Central Park. Menos mal.

En el Museo de las Finanzas aprendí que fue la Guerra Civil la que creó la necesidad de una moneda única para que el ejército pudiera endeudarse, y que dada la abundancia de falsificaciones, Benjamin Franklin ingenió varios trucos, entre ellos, escribir deliberadamente mal la palabra "Pennsilvania"en los billetes para tentar al falsificador a corregir inconscientemente el error (i/y).  El cuento para niños El Mago de Oz esconde, al parecer, una alegoría sobre la discusión que hubo entre los partidarios de respaldar el dollar con el patrón oro (mucho más escaso) y los que preferían la plata (como su autor, que apoyaba el Free Silver Movement).

La carretera de ladrillos amarillos es la falsa promesa dorada, Kansas el estado agrícola endeudado, los zapatos de plata son el camino de vuelta a casa, el Hombre de Hojalata representa la industria americana y Oz, la medida de peso del oro (oz. = onza). (A mí esta adaptación siempre me pareció terrorífica). Como El Mago de Oz, yo veo todo Estados Unidos como una alegoría económica a lo cuento infantil porque a los yankees les encanta la prosperidad y que les cuenten historias. "Really?"-dicen y unas veces me asustan y otras me parecen súper admirables.

sábado, 14 de abril de 2012

Y por orgullo, cambiar la postal

¡Miren este edificio! Hay quien dice que nació de una venganza...

Esta mañana he leído sobre una familia patricia, los Anchorena que vivían en un palacio situado junto a un parque en la Plaza San Martín de Buenos Aires. Justo al otro lado de parque, la matriarca, una condesa con un apellido kilométrico, impulsó la construcción de la Iglesia del Santísimo Sacramento. Aquella iglesia podía verse desde su palacio y debía ser su futuro sepulcro.
Resulta que uno de los jóvenes Anchorena tuvo un romance con una joven Kavanagh. Los Kavanagh era gente muy adinerada pero sin ningún título nobiliario así que, en las altas esferas, aquella unión no fue bien vista y los amantes no tuvieron otra que separarse.
Tiempo después, la matriarca de apellido kilométrico se marchó a Europa. Al regresar se encontró con que el solar que quedaba frente a su iglesia se había vendido. Lo compró Corina Kavanagh, madre de la joven que fue rechazada por no ser condesa ni nada. Justo en  aquel solar, en apenas 14 meses, se edificó un rascacielos de 33 pisos de hormigón armado. En su momento, fue el edificio más alto de latinoamérica. Corina se reservó el piso 14.

La leyenda dice que lo hizo para vengarse de aquella familia. Entre el palacio y la iglesia metió un rascacielos y les jodió la vista forever! Es más, quedó tan próximo el edificio a la basílica que ahora la única manera de verla es desde un pasaje llamado Corina Kavanagh.




martes, 1 de noviembre de 2011

Cambio de guardia (o crónica de un viaje con una cámara sin pilas)


Les oigo. Son tres hombres o quizás caballos. Tienen las suelas llenas de clavos. Avanzan marcando el paso por una acera gastada que se hace cada vez más estrecha. A sus espaldas queda el Parlamento y una plaza. Les escolta un soldado vestido de camuflaje. Un rato después, se topan con otros dos cuerpos de aspecto y porte muy similar. De hecho, si se distinguen por algo es por lo que se distinguen los caballos: hay uno que es más esbelto, otro, con la frente más despejada o más joven. Todos llevan leotardos blancos, faldas pesadas y un par de pompones. Miran al frente, bayoneta en mano.
Antaño, las bayonetas servían para homogeneizar el ejército y los que fueran más bajos, de lejos, lo parecieran menos. En este caso, no lo sabemos.
Uno de ellos, levanta el brazo. Marca la señal. Los demás, cabalgan. Van al paso. Sus patas me recuerdan a las patas que se ven en los frisos del Partenón, el gran templo. Salvo que ahora, estos caballos con rostro humano, llevan un casco rojo, rematado con una buena cola.  Dos se quedan y otros dos se van. Son reemplazados. Al moverse, aquella cola se les enreda en los botones anchos y dorados de sus chaquetas. Una vez quietos, el escolta les ordena y alisa la cabellera, con un gesto tan cuidadoso que a mí me parece inédito. Y hasta me conmueve. Grecia es tan ridícula que resulta enorme. Cada dos días, su destino se quiebra y, sin embargo, hora tras hora, no renuncia a cambiar de guardia. Y al borde del abismo, convoca un referéndum que pone en vilo a toda Europa.


jueves, 25 de agosto de 2011

5. Cierre: Dinosaurios

En el estudio de Simont

Al acabar la Primera Guerra Mundial, Marc y Geniève Simont, de padres catalanes, emigraron a USA. Marc se quedó con su padre y siguió sus pasos como ilustrador, pero Geniève regresó a España junto a su madre. Al estallar la guerra civil, las dos regresaron a París. Una vez ahí, Geniève reencontró a su padre que al salir de USA perdió su nacionalidad... En los treinta, París era el lugar más divertido del mundo, o eso es lo que nos dijo ella, pero al declararse la Segunda Guerra Mundial, tocó volver a USA. Viajaron en barco... En todo este tiempo la madre se negó a aprender inglés. Le bastaba con poder comunicarse con sus hijos y los Marsans.
Geniève vivió en Nueva York y luego California. Tuvo un hijo y más tarde se divorció. Regresó a Sant Pere de Ribas que, por cierto, le pareció un nido de cotillas, pero al no quedar nadie de su generación, volvió por tercera vez a USA, donde ahora vive con su hermano y cuñada. Marc (96 años) hizo carrera como ilustrador político e infantil. Antes de ayer jugaba a tenis y su catalán es de libro. Bee, su mujer, (95) lo baña todo en azúcar y circula por el carril de en medio -si no hay, se lo inventa... En la matrícula de su coche pone "Alioli" y al lado, tiene un sticker de Cataluña y otro de Obama. Y Geniève (94) fuma y bebe como si cada día fuera el último día. En todo este tiempo ha pensado hasta en su epitafio: "Supo adaptarse a todo, incluso a ahí abajo..." Estuvimos con ellos en Connecticut. Al despedirnos les dije que igual volvíamos en febrero. Geniève agitó las manos: " Febrero, es que aquí hace tanto frío..." Aunque yo espero que sobrevivan a este invierno y al siguiente. Fue un gusto verles devorar jamón con tan buen humor... y apetito. Ya tengo una excusa para volver a Estados Unidos.




domingo, 21 de agosto de 2011

4. El púlpito

New Bedford fue uno de los primeros puertos comerciales de USA, cuando la caza de ballenas era muy importante porque de su esperma se extraían litros y litros de aceite con el que alumbrar las lámparas. Tras colarnos en el edificio más viejo del pueblo, un destartalado almacén en el que años A se descargaba el botín de los balleneros, fuimos a visitar la capilla cuáquera que aparece en Moby Dick. Una de las páginas más citadas de la novela es la que describe el púlpito.

"Porque el púlpito es siempre la parte más avanzada de la Tierra, el púlpito guía al mundo y todo viene tras él. Desde el púlpito empieza a divisarse la tempestad de la cólera divina y es proa la que soporta la primera embestida. Desde el púlpito se invoca por primera vez al dios de los vientos favorables o contrarios para suplicarle una brisa propicia. Sí, el mundo es un navío en un viaje sin retorno. Y el púlpito es su proa."

Imbuida en Moby Dick, que parece escrita por un ángel
Una vez allí, nos contaron que al poco de estrenarse la versión cinematográfica de la novela de Melville, New Bedford empezó a tener más y más visitantes... Viajaban para ver el púlpito. Pero cuál fue su decepción al descubrir que aquel púlpito, el original, no tenía ningún interés. La proa era una licencia literaria de Melville que el director John Huston se tomó al pie de la letra. Ante las quejas de los visitantes, los cuáqueros construyeron una falsa proa prototipo para iniciar una colecta con el que construir un púlpito que se ajustara a su leyenda pero la reacción fue tan positiva que lo dejaron así, en la versión "cartón piedra". Y el dinero recaudado se invirtió en otros asuntos de la comunidad...

Con los Reece, junto a su casa en Chantham
Además de New Bedford, Melville habla de Nantucket y Martha's Vineyard que es donde se rodó Tiburón y veranean muchos (pijos y gays) norteamericanos. Los Reece, unos cuáqueros majísimos nos acogieron en su casa como princesas- con gintonics, langosta y bacalao de primera. Nos hablaron de cuando buena parte de Cape Cod pertenecía a dos hermanos pescadores y nos llevaron a navegar. No vimos ballenas pero sí unas cuantas focas... Su casa estaba llena de cuadros de un antepasado pintor: todo patos, pájaros y cazadores. ¡Entrañable!

viernes, 19 de agosto de 2011

3. Clichés





Esto todavía es así y nos encanta. Cuanto más barato, mejor.
Motel, Maine.

viernes, 12 de agosto de 2011

2. Volver a empezar

En "Soñando América" Russell Banks describe los mitos sobre los que forjaron los Estados Unidos. Habla del Dorado, la fuenta de la Eterna Juventud y el puritanismo de Nueva Inglaterra, que es la región que visitamos, aquella que se extiende de Connecticut a Maine e incluye Massachussets, New Hampshire y Vermont.

John Gast's 1872 painting American Progress, the personification of the United States  leads the way by stringing telegraph wire as she sweeps west…



En Nueva Inglaterra desembarcó el Mayflower con los primeros colonos (1620). Por lo que he leído, muchos de ellos eran disidentes o extremistas religiosos que iban en busca de una segunda oportunidad, como si la verdad sólo pudiera ser revelada en el Nuevo Mundo, lejos de la vieja Europa y los vicios su industrialización.
Más adelante, cuando el recién inventado telégrafo se expandió por Norteamérica, se ensayaron nuevas formas de comunicación con el más allá... pero de tanto reunirse, "la verdad" dejó de ser un asunto exclusivo de la otra vida para empezar a discutirse en las asambleas.  Eso explicaría que además de sus inclinaciones fanáticas y extraños cultos (del celibato a la poligamia, eugenesia, dietas estrictas, curas de fe...), las nuevas sectas (shakers, mesmeristas, oneida, zaoritas, New Harmony)  defendieran la abolición de la esclavitud, la reforma de la educación o la igualdad de sexos y, sobre todo, la vida en comunidad. En este contexto, las mujeres, que con frecuencia hacían de medium, alcanzaron cierto protagonismo. Es el caso de las hermanas Fox o la tronada Ann Lee de la que me hablaron mi amigos Jeleton mucho antes de hacer este viaje. De hecho, ellos me han prestado este dibujo de la hermana shaker Alice Smith. Lo hicieron como parte de "Acts 4,32" y su versión anotada sobre "Rock My religion" de Dan Graham, que traza una analogia entre los shakers y el rock and roll. ¡Tela!

Yo leyendo el Walden junto al Walden

Sectas y Jerry Lee Lewis al margen, también fue en esta región donde Thoreau construyó una cabaña como parte de un experimento  y escribió Walden.

"Fui a los bosques porque deseaba vivir en la meditación, afrontar únicamente los hechos esenciales, y no sucediera que estando próximo a morir, descubriese que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera vida; ¡la vida es tan cara!, ni tampoco deseaba practicar la resignación, a menos que fuese enteramente necesaria. Quería vivir profundamente y extraer todo lo maduro como para infligir una derrota a todo lo que no fuese vida; guadañar un ancho espacio a ras del suelo; empujar la vida a un rincón y reducirla a sus términos más bajos, y si mostrase ser mezquina, obtener su genuina y total mezquindad y publicar su miseria ante el mundo; o si, resultara ser sublime, conocerla por experiencia, y ser capaz de dar una verdadera noticia de ella en mi próxima excursión."

El Walden es un gran estanque situado en Concord, Massachussets. Lila y yo lo cruzamos a nado. El agua era dulce y muy verde, de un verde brillante pero opaco de los que no te dejan ver qué hay al fondo... Más adelante nos bañamos en un fiordo (Acadia), en un río y en varias cataratas. Estados Unidos tiene paisajes increíbles y muchísimo espacio.
Viajar por sus carreteras locales es muy entretenido. En el Noreste uno puede toparse con iglesias de todo tipo, almacenes de kayak, graneros de madera grises o rojos algo viejos (!), moteles, baretos, tenderetes de comida local y muchos anticuarios y preciosos túneles. Por supuesto, no faltan carteles de los de "adopta una autopista" o los que alertan al conductor del riesgo de atropellar a erizos y alces. A veces, suceden cosas raras: nos topamos con una especie de cárcel que era una librería de segunda mano, un puente de madera que al no llevar a ningún sitio había pasado a ser una galería;un faro de cristal con bichos diseccionados (o eso creemos porque no supimos dar con otra explicación) o un refugio para los que se animan a hacer a pie los Apalaches. Ni el pueblo más perdido renuncia a tener una biblioteca, una post office, una heladería y un farm market.
Si Massachussets es cuna de universidades importantes, Vermont es uno de los estados más progresistas, además de la patria del movimiento orgánico. En Maine (quizás el estado más bonito de todos) se vive de blueberries y pesca de langostas y en la frondosa New Hampshire es donde se exilió del mundo J. D Salinger y hay un montaña a la que conceden un mérito extraño...

Waterfalls en Warren, Vermont



Continuará.



domingo, 7 de agosto de 2011

1. Montañas rusas

Welcome
Ola de calor. En Brooklyn, 38 grados. Gabi que vive en un edificio con título y todo (The Royal Castle) ha girado su alfombrilla, como su vecino. La pone del revés para que cada mañana, al salir de casa, sea la ciudad quien le de la bienvenida y la viva con más ganas.

Antes de empezar la ruta, parada en B&H, tienda de varias plantas regentada por judíos de tirabuzón y cofia donde las mercancías (cámaras de fotos, carretes, hardrives y demás cachivaches electrónicos) desfilan cerca del techo en varios mini raíles que se extienden y bifurcan. A mí me recuerda a los antiguos trenes eléctricos y a las máquinas dispensadoras que giran y giran... Ya lo escribió un cronista en 1932:   
"Si la democracia universal espera una aportación del pueblo americano, que no espere una aportación política o filosófica, sino una aportación mecánica. A la máquina de lustrar botas y de fregar platos seguirán otras máquinas. Máquinas, por ejemplo, de recibir puntapies... Máquinas de aguantar insultos e impertinencias. Y si hoy por hoy la mecánica americana no equivale a la Declaración de los Derechos del Hombre, no importa. Hay que confiar en un porvenir relativamente próximo, donde el mundo entero funcionará tan automáticamente como los mismos restaurantes automáticos." Julio Camba, 1932

En esta misma línea, en el sensacional "Delirious New York", Koolhaas insinúa que Coney Island fue un Manhattan en estado embrionario, así que decidimos ir a donde empezó todo: la montaña rusa.  Coney Island es hoy es lo que era entonces -un barrio popular- pero algo desteñido porque los currantes ya no se acicalan para el espectáculo. Lo consumen en bañador y chanclas y en esas camisetas de tirante que tanto excitan a Madonna. Al subirnos al Cyclone lo que más nos impresionó fue el ruido. Se oía el traqueteo de la madera. La montaña es de 1927 y aunque está gastada de tantas subidas y bajadas, su perfil es precioso aunque no es el mismo que aparece en Annie Hall. La casa de Alvie Singer ya no existe. De hecho, yo pensé que nunca había existido, que eran cosas del cine, pero resulta que bajo otra montaña rusa, también en Coney Island, vivió muchos años una pareja. En un artículo di con una foto. Voilà!








Fred Moran & May, en su casa, situada al pie de la Thunderbolt, en Coney Island.



Fisgando en PM
De camino a Printed Matters -meca de las autopublicaciones y otras rarezas- hacemos a pie una parte de la High Line, antigua línea de tren convertida en jardín colgante. La ciudad no esconde sus cables, raíles, puentes. En vez de balcones, escaleras de emergencia. Puestos de comida ambulante. Compuertas. Las mercancías de los restaurantes se deslizan por el suelo, hacia abajo. Los coches suben hacia arriba en parkings que son sólo andamios. Los periódicos son de máquina y también los helados que giran y giran hasta acabar en punta, como los edificios más emblemáticos. Ese afán de que todo funcione de un modo automático resulta anticuado !!! NY ya es retro y es divertido.

domingo, 24 de abril de 2011


«El mundo me convirtió en una puta y ahora yo lo convertiré en un burdel»  La visita de la vieja dama (Der Besuch der alten Dame), una tragicomedia en tres actos escrita por Friedrich Dürrenmatt, leída en voz alta a ocho voces y media... en la Isla de Höö,(Suecia) donde nos pintamos las uñas de rojo, vimos estrellas fugaces y árboles caídos. A veces éramos cuatro, nueve, dos o ninguno. También comimos salmón ahumado, colgamos huevos de Pascua de una rama y escondimos varias cosas -que si libros (¡muchos!), chocolate y una mascota.  Yo hasta me olvidé del fútbol (cosa fácil), aprendí lo que pesa un remo y lo tímidos que son los ciervos. Ahora, mientras deshago mi equipaje, compruebo lo persistente que es la purpurina. Se ha colado en mis calcetines y en algún que otro bolsillo... J. dice: "He puesto una reclamación a Renfe" y enumera los motivos, y a mí me toca tender la ropa.





Cuesta abandonar el edén.

domingo, 20 de marzo de 2011

Densidad 0

"Al noroeste, a 6 km aproximadamente de Crivillén (Teruel), se encuentra el enclave de los Mases, deshabitado desde los años sesenta del siglo pasado".

Aunque nosotros nos topamos con Regina, que anunció nuestra llegada a golpe de campanadas. Y un viento fresco, de los que despejan el cielo y el castellano. Y una luna que ni en veinte años. Y un olivo de quizás doscientos.

viernes, 26 de noviembre de 2010

4. Mirar atrás con furia

El otoño es la época de los memoriales. Lo digo por la luz que es melancólica. Aún así, no visité muchos. Sólo tres. Regresé a Treptower y a Bebelplatz pero fue en las vías muertas de Grunewald donde sucedió el momento más bonito del viaje y el más impactante. Gracias a Xavier Ribas.


Homenaje a los soldados soviéticos en Treptower Park.

"Hemos escrito por Alemania, hemos muerto por Alemania. ¡Hemos cantado la Alemania real, la auténtica! Y por eso hoy Alemania nos quema".
Joseph Roth sobre la primera quema de libros, la que anuncia un futuro sombrío. 1933.

FIN

martes, 23 de noviembre de 2010

3. La industria del entretenimiento

Joseph Roth asistió al cierre del museo de cera de Berlín. En la crónica en la explica la subasta de todas las piezas, retrata el fin de una era y el inicio de otra, marcada por los avances técnicos, la celebración del movimiento (cine) y la especulación. Sigue mostrándose sorprendido e indefenso ante los cambios que vienen, aunque donde mejor plasma su ironía es cuando escribe sobre el tráfico y los grandes almacenes grandes de verdad...

"Hubo una vez un mundo en el que toda figura de carne y hueso se anticipaba a la fantasía de los hombres para hacerla así superflua, un mundo en el que todo lo que uno normalmente apenas imagina como una silueta borrosa aparecía como una obra escultórica. Y es que las sombras se habían convertido en cuerpos y proyectaban también ellas sus propias sombras".


1.El cine Babylon.


2.En el café Joseph Roth, cuyas crónicas me han guiado en este viaje.


3.Desayunar antes de ducharse es estar de vacaciones. Con Marta y Javi-mis otros mentores berlineses, en el italiano de en frente.


4.En Kreuzberg fui a Xiu Xiu y Zola Jesus. Los berlineses de hoy se llenan los oídos con papel de water para protegerse del ruido.


5.Con Pandémica a la salida de un concierto en la Filarmónica de Berlín. ¡Por fin!


6.Hans Scharoun o uno de los lugares que más me gustan del mundo mundial.


7.Géraldine.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

2. Ciudad en obras: 1927-1957

Siedlungs en Parchimer Allee y Prenzlauer Allee.
Los Siedlungs son barrios residenciales. Muchos se hicieron a finales de los veinte. Hay árboles, puertas y ventanas de colores. Hice mil fotos de los pomos y posamanos de las escaleras de BRUNO TAUT. Si las miro en serie me dan miedo. ¡Ni que fuera autista! El siedlung más bonito está en Onkel Thoms Hutte-La cabaña del tío Tom. Se llama así porque cae cerca de un restaurante. No sé quién es Tom. ¿Un cocinero?





"Esta abundancia de luz y de aire propia de los nuevos edificios no existe siquiera en la mísmisma naturaleza. Un estudio acristalado hace las veces de dormitorio. Se come en el gimnasio. Habitaciones que uno hubiera jurado sin menor reparo que eran pistas de tenis, sirven de biblioteca y salón de música. El agua murmura en miles de cañerías. Hacen ejercicios en los acuarios. Descansan después de las comidas tumbados en mesas de operación de color blanco. Y por la noche unos fluorescentes ocultos iluminan la habitación de manera tan uniforme que deja de estar iluminada. Es un estanque de luz". Joseph Roth describe con admiración y recelo la llegada de una nueva arquitectura. Arquitectura, 1929.

HANSA VIERTEL, barrio reconstruido para la Expo Internacional del 57. Tiene rincones muy afortunados y otros que dan ganas de meterse un pico. Tal cual.