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lunes, 18 de mayo de 2015

Entrevista a César Aira

















Apreciado César,
En la librería en la que trabajo me dijeron que en 2015 se expondría Teatro proletario de cámara de su amigo y maestro Osvaldo Lamborghini. Cuando oí la noticia, yo, que nací en el 79, en una ciudad que aún celebraba el boom latinoamericano entre tortillas y hamburguesas*, no había leído El fiord ni El niño proletario ni Sebregondi retrocede ni Tadeys. De hecho, de su amigo-maestro sólo conocía el teatro porque en la librería tenemos una edición facsímil. La guardamos en una vitrina, bajo llave. A veces la hojeo, pero sin abrir demasiado sus páginas para no estropearlas o tener que explicarle a un cliente que esas imágenes de mamadas setenteras, bizarramente tuneadas y con textos intercalados (a veces manuscritos y otros mecanografiados) son en realidad otra cosa, pero ¿qué cosa? ¿Una obra de arte? ¿Una novela? ¿Un manifiesto? ¿Un adoquín? (Su semejanza es sospechosa…) Para mí, la respuesta es un misterio, aunque a día de hoy ya haya leído gran parte de los poemas y cuentos de Lamborghini, incluida su novela. ¿Me ha gustado? Sí, en la medida en que me confirma que hay estados que sólo genera la literatura y eso tiene su mérito. ¡Lástima que me haya hecho sufrir tanto! Su amigo, ¿no pudo ser valiente de otra manera? ¿Qué aprendió de las mujeres a las que, según usted, tanto amaba? (Si no se ve en situación de responder a esto, dígame al menos cuál considera que es la mejor innovación de la Historia y por qué. Me intriga.)

domingo, 21 de diciembre de 2014

LO BUENO DE CIERTOS INCENDIOS

LA LÍNEA SIN FIN. 1870-2035



Y con esto se cierra el motivo principal que me llevó a escribir mucho menos en este blog.
Entre miles de cosas, ha sido bello descubrir a Pompeu Gener, Las mujeres del mañana de Apeles Mestres y la cementera Asland, revistar las juergas de Santiago Rusiñol, leer sobre novela rosa anarquista, espiritismo y los pentalfa, meternos en la piel de J. V Foix pese a tener un catalán precario, recurrir a la papiroflexia, pensar en las manos de Manolo Hugué y los crucifijos de Cristófol, perdernos en los diarios de Maria Aurèlia Capmany y celebrar la fascinación de Francesc Trabal por la velocidad, releer a Calders, disfrutar de los tres tomos de Incerta Glòria, hablar con Ester Pino sobre la extraperlo aplicado a la escritura, saber que Barcelona perdió a un poeta en sus alcantarillas, visitar el Walden, bosques con penes y vaginas gigantes y un par de fábricas con Clara, hablar sobre cabellos largos y esculturas de rotonda con Hidrogenesse o de la pertinencia de abrazarse a un caballo con Vila-Matas y proyectar hacia el futuro un presente incierto y acabar con bonito colofón.
¡A ver qué toca ahora!

Podéis encontrarlos aquí.


jueves, 2 de junio de 2011

Cada vez me cuesta más.

Cultura/s La Vanguardia

sábado, 8 de enero de 2011

Bodegón




Antes que todo. Paloma Polo, Red Caballo, Alex Reynolds & Xavier Ribas.
El Fumador. Vals de cabezotas.
Zeitgeist. La ventaja de embrutecerse.
Texto. Muntaner 282-290.

viernes, 11 de junio de 2010

miércoles, 12 de mayo de 2010

La enciclopedia de las guerras.



Publicado en el Cultura/s de La Vanguardia.

martes, 22 de diciembre de 2009

jueves, 8 de octubre de 2009

La culpa es de Satie & Ephemera, etcetera... con nota a pie de página.



Aquí dos articulillos que publiqué recientemente sobre La música que no se escucha y los Scrapbooks. A todo esto: a mí me da que desde hace un rato este blog está perdiendo su esencia de blog y convirtiéndose en boletín de asociación cultural. Sabrina dice que el fotolog era más divertido, porque en el fondo lo hacía para ligar. Aquí, en cambio, escribo mucho y con pretensión de noséqué. Lo cierto es que iba a actualizar sobre esa cosa que llaman "personalidades de la cultura" pero no sé si vale la pena ser tan mala... porque vamos, tenía su lado catártico. Y desde que sé que por aquí pasa media familia y la gente con la que trabajo, siento que debo ser más templada. No era mi intención: el blog está pa ventilar cosas íntimas, que a nadie le importan un auténtico bledazo... o para soltar esas burradas que -venga ya- medio mundo comparte, pues Es GRATIS y no gasta papel. Así que desde aquí, defiendo a los que se atreven. Cada cosa en su sitio. Es que me acerco a las 200 actualizaciones. Debería verme como una loca y, sin embargo, me siento sosa. ¿Es grave?

miércoles, 3 de junio de 2009

Remakes Caseros.



Dos libros y una película reflejan el boom del remake hecho en casa. Hollywood ya tiene contrincantes: sus propios fans.


En China suceden cosas curiosas. En la carátula de “El señor de los anillos” uno puede distinguir al Tom Cruise de “Legend”, y todas las películas de Audrey Tatou tienen la misma portada. Y es que ahí, basta con añadir un par de trenzas a Amélie para tener una secuela, porque el mercado pirata es tan grande que vuelve accesible películas que ni siquiera existen. En este “dar gato por liebre” no es de extrañar que además de piratear películas y venderlas con cierto retoque de portada, otros se animen a “suedizarlas”. “Suedizar” un film consiste en hacer un remake de muy bajo presupuesto. Nos lo explica Michel Gondry en “Rebobine, por favor”, donde dos tipejos se ven en la necesidad de rodar versiones caseras de “Los Cazafantasmas”, “Robocop” o “Paseando a Miss Daisy” para mantener a flote un videoclub. La película se cierra con un final meloso del que Gondry, sin embargo, no quedó satisfecho, pues se empeñó en llevar el asunto más lejos. En marzo del año pasado organizó unos talleres en los que animaba a la gente a seguir el ejemplo de sus protagonistas. Lo hizo en la galería Deitch de Nueva York. Para la ocasión, montó varios decorados –incluido un videoclub-, escribió un protocolo y convocó a las personas del barrio. ¿El resultado? 122 películas y un libro: “You Will Like This Film Because You Are In It: The Be Kind Rewind Protocol”. En él, Gondry explica que no se trata tanto de enseñar cine como de tener una excusa para crear redes sociales e incluso trabajar con niños sin que te detengan, algo que en USA ya es casi imposible. También cuenta que el origen de esta idea está en un DVD pack de “El planeta de los simios” pues viendo la saga de un tirón, observó que cada versión se hacía con menos presupuesto que la anterior. La quinta era un bodrio pero había ganado algo: encanto.
En el fondo, Gondry no es el único piensa que con poco se puede hacer mucho, solo que a veces la cosa se va de las manos. El recién publicado “Homemade Hollywood: Fans behind the camera” de Clive Young recoge este fenómeno. Nos habla de fans que han puesto su dinero, su tiempo y su salud en realizar remakes no autorizados legalmente, lo que implica que cualquier explotación comercial es sinónimo de multa o juicio. En resumen: si existen, es por amor al arte.
Aunque hoy en día hay numerosas webs dedicadas al tema, según Young, esta práctica se remonta a los años treinta. Entonces sólo existía una revista: “Amazing Stories” en cuya sección de cartas escribían numerosos fans. Los mismos que acabarían celebrando convenciones sobre ciencia ficción y cómics. Tiempo después, coincidiendo con la comercialización del formato Súper 8, salió una segunda revista: “Famous Monsters of Fimland”, que también contribuyó a alimentar el apetito amateur publicando artículos “How-to” y entrevistas a gente de la profesión. Entonces Andy Warhol ya andaba “suedizando” sus propias fantasías, pero su Frankenstein tenía bastante que envidiar al del precoz Don Glut, director teenager que inmortalizó tanto a monstruos como a superhéroes, principal carnaza del remake casero. De Spiderman, por ejemplo, existen incontables versiones. Una de ellas es la que rodó Bruce Cardozo junto al futuro batería de Los Ramones. Al verla, Stan Lee se quedó impresionado pero no les dio el visto bueno pues según él, “la adaptación al cine de Spiderman no debía parecerse tanto al cómic, sino a una rock opera con Elton John y David Bowie”. Es obvio que Dan Poole, otro aspirante a director, ignoraba esta opinión, de lo contrario no se hubiera lanzado desde un edificio abandonado para emular al hombre araña en “The Green Gobblin Last Sand”. Pero Poole no ha sido el único en jugarse la vida. En 1981, en Mississippi, un chaval de diez años llamado Eric Zala se prendió fuego a sí mismo. Era el inicio de una hazaña que él y otros dos colegas tardarían 7 años en culminar: el remake toma a toma de “Indiana Jones y en busca del arca perdida”. El resultado es sorprendente así como la historia que hay detrás: que si escenas boicoteadas por el insistente croar de las ranas, rocas elaboradas en cartulina que no caben por la puerta de casa, llamadas a urgencias, madres desperadas, y un Steven Spielberg que se les declara por carta.
Hoy, en plena era digital y con Internet como canal de difusión, este fenómeno es imparable, y va del remake toma a toma a trailers ficticios como el de “No es país para viejos”, o híbridos que enfrentan a 007 y Terminator. La página oficial de “Star Wars” sin ir más lejos, convoca concursos a la mejor “suedización”. Quizás “Hardware Wars”, genial homenaje a la saga, tenga algo que ver. Ignorada en su día por Lucasfilms, esta parodia acabó en manos de Pyramid films, una distribuidora de cintas didácticas que explotando el filón sobre el bien y el mal, se encargó de exhibirla en iglesias y escuelas, siendo uno de los cortos más populares de los ochenta. Es más, ante la incapacidad de frenar una práctica que atenta contar los derechos de autor, Hollywood ya ha tomado nota del fenómeno. Su guiño se llama “Fan Boys”, un homenaje oficial a los colgaos de “Star Wars”, donde dicho sea de paso, es difícil ignorar las referencias a Flash Gordon, Buck Rogers y ciertos westerns. Y es que en la medida en que cuenta la historia de un pequeño grupo que pretende derrotar a una superpotencia por la fuerza de sus convicciones, “Star Wars” podría considerarse en sí mismo un Fan film… salvo por un detalle: cuando la rodó, Lucas tenía a toda industria de su lado.


Don Glut... ¡Director teenager!

Publicado hoy en la sección Pantallas del Culturas de La Vanguardia. (Esta versión es un poco más larga). Gracias a Sabrina y Alex por pasarme el material que me faltaba.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Folk Archive.


¿Más vale tarde que nunca?

martes, 9 de diciembre de 2008

The Last Picture Show



Este artículo aparece publicado hoy en el suplemento Culturas de La Vanguardia. Lo escribí en verano pero tuvimos un problema con las imágenes...

En 1896 se proyectó por primera vez “La llegada del tren a la estación de Ciotat”, corto de los hermanos Lumière que conmocionó al público. Según un cronista de la época, quien no se tiraba al suelo, gritaba o se tapaba los ojos con las manos ante el temor de verse arrollado por un ferrocarril. Aunque quizá se exagerara dicha reacción, lo cierto es que desde entonces, el cine ha despertado una fascinación muy dispar:ya sea como representación o “asíntota de la realidad” (André Bazin), como método de evasión y, por supuesto, como instrumento para movilizar a las masas. Tanto es así que según el cronista ruso Ilya Ehrenburg (“La fábrica de sueños”), en los primeros días de la industria, la garantía del éxito no dependía de la calidad de la película sino del número de salas en las que pudiera exhibirse. Y es que desde sus orígenes, el cine ha sido un invento popular, ese lugar en el que se cobijaba la clase media mientras Europa se descosía en plena Guerra Mundial. Pero si hoy en día la distribución sigue siendo lo importante, las cosas han cambiado. Ir al cine ya no constituye en sí, una experiencia. Ahora que la piratería está al orden del día (Top manta, Internet), llenar el box office exige un esfuerzo extra.
Eso mismo debieron pensar la pareja formada por Tim y Karrie League cuando en 1997, abrieron las puertas del Alamo Drafthouse. De entrada, llama la atención que sea precisamente en Texas donde se ubique una sala cuyo objetivo es recuperar “la emoción de ir al cine”, pues es en Texas donde se ambienta “La última película” (Peter Bogdanovich), film de iniciación en las que unos jóvenes viven en torno a un cine polvoriento que está a punto de cerrar sus puertas con la llegada de la televisión. Tim League, sin embargo, afirma: “Creo que mientras las sesiones sean un experiencia divertida, asequible e imposible de repetir en el salón de tu casa, siempre habrá sitio para lugares así”. De hecho, lo que empezó siendo un cine, ya se ha convertido en una cadena. Pero, ¿qué tienen de singular los Alamo?
El realizador Nacho Vigalondo, que viajó hasta ahí para presentar “Los Cronocrímenes”, nos da algunas pistas. Según nos cuenta, “a simple vista, los Alamo Drafthouse recuerdan a las salas clásicas, con sus butacas y cortinas rojas. En frente de cada fila hay una barra de madera con una carta en la que puede leerse un menú y las instrucciones de pedido. El olor es inconfundible. El ambiente y la calidad de la proyección también son increíbles, y luego está la programación”. A las reposiciones de clásicos de los ochenta, cine asiático y films independientes de difícil distribución, se suman otra clase de eventos. En las “Foleyvison”, por ejemplo, se proyectan películas dobladas en directo; durante los “Pancake Shows” un grupo de humoristas destripan micro en mano proezas como “Titanic”; y en los pases “Sing Along…” uno puede ver a un público ya adulto disfrazado de monja o trozo de sierra alpina, entonando a pleno pulmón el –do-re-mí- de “Sonrisas y lágrimas”.
Está por ver si el montaje que se genera alrededor de cada sesión no resta importancia a la película. En cualquier caso, en los Alamo lo que se busca es satisfacer el apetito del cinéfago, es decir, de aquel que disfruta tanto de clásicos como de bodrios de serie B porque no reniega del cine como puro entretenimiento. Para los cinéfilos ¡ya existen las Filmotecas! “Nuestro objetivo es que el espectador se vea plenamente inmerso en la película”-añade Tim League. Y este sentido destaca “el pase que hicimos de “Tiburón”. Acabamos con toda la audiencia en el agua y una serie de buzos merodeando bajos sus pies… También proyectamos “Terremoto” con un subwoofer adicional de 50,000 watios, y “El descenso” en una gruta, por la que luego hicimos un tour.” Esto último forma parte del los “Rolling Road Shows”, sin duda, el plato fuerte de la casa. Se trata de proyectar películas en los lugares en los que se rodaron, de volver a “la escena del crimen”. Los más afortunados ya han podido ver “Encuentros en la Tercera Fase” en la Torre de diablo, “Con la muerte en lo talones” en el monte Rushmore y “El resplandor” en el Hotel Santley de Colorado. Para colmo, a principios de junio, el equipo se trasladó a Almería para proyectar “la trilogía del dólar” de Sergio Leone. “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”, son de mis películas favoritas y sus localizaciones son tan icónicas…-afirma League- Yo las considero como un personaje más en la trama. Además, apenas han cambiado con los años.” Lo cual es una buena noticia, sobre todo si tenemos en cuenta lo que una vez escribió André Bazin sobre el cine, ese “medio perenne en el cual el hombre continúa la lucha contra la muerte, contra lo que se acaba, contra lo que tiende a desaparecer.”

miércoles, 15 de octubre de 2008

La dimensión desconocida.


Artículo publicado hoy en el Culturas de La Vanguardia.

Jimmy Corrigan es un hombre con cara de bebé embutido en cuerpo de anciano que está solo y fofo, y se pasa el día sentado, esperando. No ha venido a salvar el mundo, pero en su día revolucionó la historia del cómic. Así que cuando Suzie le pregunta en un viñeta “Cielos Jimmy ¿cómo es que siempre está al tanto de lo más alternativo?”, y él contesta "Porque escucho WFMU", más vale hacerle caso. En el prólogo de "The Best of LCD", la última sorpresa editorial de Princeton Architectural Press, otro Jim escribe: «Manos abajo, WFMU es la mejor emisora de radio del planeta», y aunque no sea el chico más inteligente de la Tierra, el señor Jarmush también sabe de lo que habla. Él es un director de carne y hueso de los que cuentan pequeñas historias con una música muy bien elegida, tal y como sucede en la sintonía 91.1 fm. Es ahí donde uno puede escuchar musicales de Andrew Lloyd Weber en chino, recetas de cocina, entrevistas a científicos emprendedores y música, mucha música. Mientras sus djs reivindican géneros moribundos como exotica, pinchan garage, blues añejo o rock marciano, y bautizan movimientos que están por venir. El concepto Lo-fi, por ejemplo, se acuñó ahí en directo, en 1980. Sin embargo, la singularidad de WFMU no sólo reside en el fichaje de unos cuantos DJS estrella, sino en el formato mismo de la emisora.
Desde que apareciese, en 1958, la WFMU vive de las donaciones de sus oyentes y de los fondos que recauda en ferias de discos y maratones. Al no tener que responder ante intereses corporativos, la emisora pudo permitirse desde muy pronto desarrollar fórmulas poco convencionales, cediendo a sus DJS el control absoluto de la programación. De hecho, en el mundillo radiofónico, esto es lo que se conoce como Free-form Radio o Radio de formato abierto. El origen de esta práctica no está claro. Según Ken Freedman, director de la WFMU, todo empezó hacia finales de los 60. Fue entonces cuando la Comisión Federal de Comunicaciones (FFC) lanzó una ley que impedía a las emisoras FM limitarse a retransmitir lo que ya pasaban en AM. Esta necesidad de “llenar espacio” explica que muchas programas de radio viraran hacia apuestas menos comerciales. Por otro lado, el auge de los movimientos contraculturales generó una audiencia dispuesta a absorber contenidos alternativos. Aunque se tiende a inflamar el alcance de estos movimientos, su rol en la historia de la WFMU, fue decisivo: no sólo contribuyeron a su independencia económica, también le ayudaron a forjar una identidad diferenciada. El libro “The Best Of LCD: The Art And Writing Of WFMU” da constancia de ello. Lejos de lo que nos sugiere el torbellino de la portada, LCD no son las siglas de una droga mal escrita. Vienen de “Lowest Common Denominator”, guía publicada entre los años 1986 y 1998 con toda la programación de la WFMU. Hoy, el dj Dave The Spazz se ha encargado de recopilar lo mejor de aquellos artículos bizarros y tiras cómicas, todas elaboradas con un ineludible tono fanzinero. Y es que la mayoría fueron cedidas gratuitamente por sus oyentes, que en la actualidad resultan ser… ¡la “crème” del cómic independiente! Daniel Clowes, Charles Burns, Chris Ware, Harvey Pekar, Joe Sacco…etc.
Ahora que los tiempos han cambiado y estos iconos de lo underground publican en tapa dura, Freedman se pregunta por qué tantos artistas e ilustradores se aficionaron a la radio, y en especial a WFMU. “Podría pensarse que en la era predigital, cambiar un cassette cada 90 minutos debía ser un engorro, sobre todo si uno tenía las manos bañadas en tinta, cera, o la clase de materiales plásticos que se usaban entonces. Pero los lectores de CD multipistas y los Ipods han hecho añicos esta teoría. (…) Las nuevas tecnologías han dejado muy claro que la radio es más que música”.
Sin duda, WFMU es otro mundo, otra dimensión. Léase, por ejemplo, la guía sobre los mejores libros anti-rock, o los retratos de ciertas figuras de la radio como Axis Rally, acusada de traicionar a USA durante la segunda Guerra Mundial; o Alex Berg, locutor deslenguado que acabó asesinado por una secta; y Howard Armstrong inventor de la frecuencia FM que tras presenciar cómo la RCA boicoteaba su gran descubrimiento, saltó por un ventana. Entre viñeta y viñeta, Andy Breckman nos desvela por qué en las películas todos los números de teléfono empiezan por 555 o…¿no os habías dado cuenta? Y hablando de teléfonos, cómo olvidar a Daniel Johnston al otro lado de la línea, cantando desde el hospital psiquiátrico de Virginia en una retransmisión única. Era en 1990. Tiempo después, Jeff Feuerzieg, uno de los oyentes, rodaría “The Devil and Daniel Johnston”, donde le vemos tarareando “True love will find you in the end...” con su voz temblorosa y frágil. Esa que nos transporta a mundo lleno de marcianos con ojos saltones en perfecta sintonía con la frecuencia 91.1 fm. Este año celebra su 50 aniversario.

“The best of LCD: The Art And Writing Of WFMU”, Princeton Architectural Press. Editado por Dave The Spazz.

Link radio: http://www.wfmu.org/

miércoles, 14 de mayo de 2008

La píldora azul.


Artículo aparecido en El Culturas de La Vanguardia.

Dana Wyse nació un 9 de agosto de 1965, pero desde muy joven algo solía aguarle sus fiestas de cumpleaños, pues fue un 9 de agosto cuando USA dejó caer una bomba atómica sobre Nagasaki y Charles Manson ejecutó su conocida matanza. La tele, por supuesto, siempre rememoraba el aniversario de estas dos masacres emitiendo unas imágenes que no eran para soplar velas. Años más tarde, tras visitar a un orientador profesional, Wyse decidió desarrollar su lado más creativo. De ahí surgieron las “Píldoras de recuerdos patentados” que forman parte de una obra mucho más extensa, hoy de venta en museos. Con este gesto, el circuito artístico no tardó en etiquetarla como la creadora del “pill-art”. Lo explican en el libro “How to turn your addiction to prescription drugs into a successful art carreer”, aunque según Wyse: “Yo nunca dije que mis píldoras fuesen arte. Son medicinas, y si llaman la atención es porque dan ganas de comprarlas. Cuestan menos que un MacMenú y su envoltorio es de plástico. Brilla”. Las hay de todas clases: píldoras para hacer de soldado con acento alemán, para entender a tu madre sin necesidad de hablarse, para cometer tentativas de suicidio verosímiles… ¿Su única contraindicación? “La perfección”- indica. Teniendo en cuenta que el boom de los ansiolíticos y el viagra no llegó hasta los noventa, llama la atención el packaging de sus pastillas sea mas propio de los 50. “Es que en los anuncios de aquella época se usaba un lenguaje visual totalmente utópico. En ellos, los hombres siempre llevan los pantalones, sus esposas sonríen al refigerador y sus hijos -little John, John Senior y John John Junior- se comportan de un modo tan civilizado... Pero fíjate, parecen hipnotizados. Deben estar ocultando algo tras esos pelos tan repeinados. Son sus secretos lo que me interesa. La represión crea la metáfora.”


Además de píldoras, Wyse fabrica juguetes que reproducen el lado más violento y sexista de la sociedad desde un laboratorio donde a falta de tenedores, ¡comen con sacacorchos! Pero, por muy crudos que sean sus mensajes, el contraste entre la forma y el contenido es tan extremo que uno sólo puede reírse, actitud que tiene su riesgo. Y es que es inevitable preguntarse si su acusado sentido del humor es un modo de denunciar las cosas o un mecanismo para eludir posicionarse ante ellas, como esa niña que se resiste a aceptar que nació en un día horrible para la humanidad. “Esto es lo que la gente no entiende de mí. Yo no soy cínica. Considera la píldora que “Garantiza la heterosexualidad de tus hijos”. Suena gracioso pero cuando lees los periódicos siempre se refieren a alguna investigación genética para descifrar el código gay y frenar su desarrollo, y qué crees que dicen en el pueblo donde nací:“Ei tío, esto es genial. Lo hablaré con Marnie, mi esposa preñada”. Mi trabajo es un espejo de nuestra sociedad y es ese espejo lo que te hacer reír. Además, cuando se trata de expresar la verdad, no creo que se vaya nunca demasiado lejos.”- añade.
En la película Matrix, Morpheo dice: Si tomas la píldora azul, la historia acaba, te despiertas y crees en todo lo que quieres creer. Si tomas la píldora roja te quedas en el mundo de las maravillas, y te enseñaré cuan profundo es el hoyo… Pero recuerda, lo único que te estoy ofreciendo es la verdad, nada más. “Es un texto maravilloso, aunque mi razonamiento es algo distinto. El otro día, por ejemplo, estaba frente a la Opera de París y pensé: ¡el hombre hizo todo esto! Luego me giré hacia la tienda Benetton que hay justo en frente y dije: Y el hombre también ha hecho esto. Me di cuenta que todo a mi alrededor (los coches, mis zapatos…) venía de la imaginación de los hombres. ¿Y qué es la imaginación sino el sitio donde figuran los sueños? Así, ¿que ves? Estoy llena de esperanzas y no, no me considero una esclava.” Junto a su producción de píldoras y juguetes, otra de sus piezas más relevantes es “Recipe for Life” , una recopilación de más de mil “how-to-books”. Con esta biblioteca o catálogo de instrucciones que igual nos remite a Marcel Duchamp, Sophie Calle (Double-Jeux) como Hans Ulbrist Olrich (“Do it”), Wyse ya no nos habla de nuestra obsesión por alcanzar la felicidad, sino de esa otra necesidad, tan humana, de hallar respuestas a todo.¿Cómo ser religioso sin ser cristiano? ¿Hay vida después de la muerte? “Son preguntas que siempre estarán ahí. Lo que me recuerda: el otro día pensé en lo que significan las palabras “alien” y “astronauta”, y me siento muy especial estos días, porque… ¡todos podemos ser astronautas!” En 1977, la Nasa encargó a Carl Sagan elaborar un cápsula del tiempo con la esencia de nuestra civilización. Ciento dieciocho fotografías, noventa minutos con la mejor música del mundo y saludos en sesenta idiomas despegaron el 20 de agosto en el Voyager. Me pregunto si de esperar unos años, no hubiera sido acertado incluir la obra de Dana Wyse. Quizá sus medicinas y colección de libros de autoayuda definan una buena parte de nuestra cultura, con sus excesos y estupideces pero también su ambición, esa que nos lleva a querer conquistar la luna. Por cierto, en la posdata de uno de sus mails, Wyse me decía: “No tomes la píldora azul”.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Tonto quien lo lea.


Aquí copypasteo el artículo que escribí sobre Shrigley y que sale publicado hoy en el Culturas de La Vanguardia. David tiene una voz muy bonita.


David Shrigley es un dibujante bastante polifacético. Hace fotografías, esculturas, animación y ahora acaba de editar un cd doble llamado “Worried Noodles”, pero es especialmente conocido por sus libros que nadie sabe muy bien dónde ubicar: o junto a los catálogos de arte o en la sección de cómic e ilustración. Así que siendo como es un extraño especimen, le pedí que completara él mismo su propia definición. He aquí el resultado:

David Shrigley es (alto) con (pelo) y (dientes). Nació en Macclesfield el 17 de septiembre de 1968. Estudió arte y diseño en Leicester y completó su formación en la Glasgow School of Art. Aunque haya trabajado en varios formatos, la mayoría de su obra es (basura) que publica en libros de tapa blanda o postales. Como el poeta Ivor Cutler y (el duque de Edimburgo), Shirgley encuentra humor en las (pinturas rupestres) y lo extraño –aunque también le interesa la violencia y cualquier otro asunto inquietante. La obra de Shrigley comparte dos características comunes al “Outsider Art”: (las zanahorias y las estalactitas). Su trazado es (gay), el contorno de sus dibujos (grueso), y sus anotaciones (simpáticas). NOTA: En el auténtico “Outsider Art”, el artista no tiene más remedio que producir su propia obra cuyo significado suele ser poco convencional e inepta su ejecución, pero en este caso se diría que Shrigley ha elegido su estilo y contenido por (razones comerciales).

Como se desprende de esta definición, en Shrigley la ironía está siempre presente, sobre todo cuando se trata de hablar de sí mismo, cosa que en sus libros hace de un modo u otro. En “Ants Have Sex in Your Beer” puede leerse: “David, David, David”, entre exclamaciones, mientras se pregunta: “¿Quien ha estado escribiendo en mi diario sobre cosas que no he hecho, pensamientos que no he tenido?”. A veces sus anotaciones, entre extravagantes y líricas, son el propio dibujo; otras, van acompañadas de figuras. Comparte con Yoshitomo Nara esa tendencia a representarlo todo en dos dimensiones y sobre un fondo neutro, solo que en su caso hay un elemento narrativo que rompe con el tono hierático de Nara. Quizás es porque sus dibujos no son muy sofisticados que él necesita reclamar su propio hueco y hacerlo a codazos, aunque a veces no tenga muy claro qué pinta en este mundo… si es que pinta algo. “¿Quién hizo esto? ¿Sigue ahí?”- puede leerse en otro de sus dibujos, como si se tratase de un vándalo empeñado en ensuciarlo todo. “Lo de mis tachones es accidental. Es que no me gusta hacer las cosas dos veces, sino pierde la magia” -explica. “En cuanto a mi modo de dibujar es como mi caligrafía. Si te hiciera un mapa para indicarte cómo llegar a la estación más próxima, el resultado sería muy similar a lo que ves en mis libros. No es algo deliberado o fingido. Necesito eliminar todas aquellas cosas que no son relevantes en la narración, reducirlo a su mínima expresión. Ya sé que muchos piensan que técnicamente cualquier podría dibujar como yo pero, salvando las distancias, fíjate en Hemingway: su vocabulario era bastante limitado y aún así, es obvio que no todo el mundo puede escribir como él.

Además de su estilo descaradamente torpe y existencialista, si hay algo que le singulariza son sus múltiples alusiones al orden establecido. En “The Book of Shrigley” ya nos los anticipa: “Con mis prudentes gritos y chistosos poemas, espero modificar los hábitos de la mala gente.” Que ¿qué entiende por mala gente? “Uy, no sé. No pretendía hacer un manifiesto pero es cierto que la noción del bien y el mal siempre me ha interesado mucho. Existe un área gris, que es en la que nos movemos la mayoría de las personas, donde hay ciertos valores que son una aproximación de lo que constituye un comportamiento decente, pero en el que la moral en sentido estricto, con sus ideas del bien y el mal, no encaja. Y eso es me gusta porque me permite hablar y reírme de muchas cosas.” Algo que queda patente en “Worried Noodles”, un “songbook” con 39 canciones en el que participan desde David Byrne a Grizzly Bear pasando por Franz Ferdinand, Trans Amp, Liars y nombres menos conocidos reagrupados por el sello Tomlab. Aunque no es su primera incursión en el mundo de la música –ha hecho animaciones para Blur y Bonnie Prince Billy-, sí que es la más completa. “La idea original surgió hace dos años, antes de que el álbum se hiciera, Tomlab me pidió que diseñara la portada de un disco pero al final, la cosa acabó en una especie de “art work conceptual” en formato vinilo pero vacío y con una nota de disculpa en el interior. Como no me pareció suficiente, escribí un “songbook”. Así que el proceso fue al revés: escribí las canciones para acabar de darle forma al vinilo como objeto, sin atender demasiado a su valor musical. Luego pensé que con el tiempo, a lo mejor alguien se animaría a interpretarlas pero nunca imaginé que se reeditaría y que acabaría siendo un proyecto tan grande.” El resultado es curioso: una mezcla de indie-pop y electrónica con el sarcasmo de Stephen Merrit y el toque “looser” de Adam Green pero sin dejar de ser muy Shrigley. De hecho, el que se canten sus miedos y angustias tan alegremente y desde voces tan dispares, añade a su trabajo una resonancia especial. Otra vez: es como si cualquier pudiese ser él. Aunque ojo: “yo sólo escogí a 5 o 6 grupos, pero así está bien. Le pedí a otra gente que participase en el proyecto pero no pudieron porque estaban muy ocupados o muertos.” ¿Y qué pasará cuando Shrigley deje de existir? “Pues… no necesariamente quiero que me recuerden. Simplemente me iré y quizá entonces mis libros valgan más en Ebay”.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Bilbao, Coney Island.



Aquí copypasteo mi artículo sobre un parque de atracciones del que me habló Gari, de Belleza Infinita. Tras meses de espera por fin ha sido publicado en El Culturas de La Vanguardia y nada, que hace ilu. A ver cuando salen los demás. Si es que salen.


Entre las verdosas y desconchadas paredes del antiguo Hospital del Tórax en Tarrasa se han rodado varias películas: El maquinista, Frágiles, Los sin nombre... Parte de los decorados siguen ahí, abandonados a su suerte. Es inquietante pasearse por un hospital medio derruido cuyo pasado está tan alejado de los platos de cine, y toparse con escenarios que pertenecen a otras historias, también muertas. Tan inquietante como visitar un parque de atracciones en ruinas, lo que nos lleva al Bilbao de 1974. Allí, sobre el monte Ganguren, es donde se inauguró un bastísimo complejo con atracciones, anfiteatro, piscinas, zoo… Por su capacidad, sabemos que no sólo se concibió como un espacio de ocio para las clases trabajadoras, sino también como un punto de atracción turística. Sin embargo, con el tiempo, el parque no cumplió con las expectativas y en 1990 cerró sus puertas. Se llevó a subasta en 2002, pero nadie pujó por él. Hoy, además de dar cobijo a murciélagos y ratones, sirve de almacén para la Diputación de Vizcaya. Entre los helechos, se distinguen marquesinas de autobús, neumáticos viejos… todo, material inservible. Sin embargo, el pasado octubre, 17 años después de su cierre, la productora artística Consonni consiguió reabrir sus puertas durante un mes. De las 480 plazas ofertadas se vendieron todas. “Ahora hay otras 600 personas en lista de espera y dudo de que puedan acceder a él. De todos modos, hemos registrado su demanda para dejar constancia de su interés”, comenta María Mur, directora de Consonni.
Pero ¿qué encanto puede tener un parque de atracciones en ruinas? Y ¿nos dice algo que transcienda lo anecdótico? Ciertos indicios nos llevan a pensar que sí.
De entrada, no se trata del típico parque de atracciones. Hay una combinación insólita de referencias. Garikoitz, uno de los guías nos lo explica: junto a Blancanieves, la reserva de indios y demás parafernalia yankee, “están los primeros rótulos en bilingüe y el Basajaun- personaje mitológico vasco-.” También es “llamativo cómo plantas no autóctonas, que se pusieron de forma decorativa, han crecido descontroladamente hasta hacerse con el interior de algunos edificios”, así como “la mezcla de estilos arquitectónicos”. Destaca el brutalismo. Es más, si uno observa fotografías del parque, comprobará que su atmósfera se asemeja más al escenario posnuclear de “Zones Of Exclusion” de Robert Polidori, que a la visión romanticona y circense con la que solemos asociar esta clase de espacios.
Pero eso no es todo. El que la entidad responsable de las visitas guiadas sea Consonni, en colaboración con la artista Saioa Olmo, añade al asunto otra singularidad: “Más que hacer hincapié en el componente nostálgico pensamos que estas visitas serían una oportunidad para reflexionar sobre lo espectacular y las ruinas y el cambio que ha experimentado Bilbao. Por eso, el proyecto tiene el formato que tiene. Aunque somos conscientes de que a la gente le gustaría pasearse libremente por el parque, nos pareció interesante el contraste de hacer una visita guiada a una ruina contemporánea. Estamos muy acostumbrados a acudir a lugares como el Partenón donde ni siquiera nos muestran lo que realmente fue, sino reproducciones, así que volver a un sitio que ya no nos habla de nuestros antepasados sino de nosotros mismos, mostrándolo tal y como está, nos pareció muy significativo. Y más en la actualidad, con esa obsesión que tienen las ciudades por limpiarlo todo, y asociar la belleza a la pulcritud”. En este sentido, resulta paradójico que en el Bilbao de los grandes proyectos, el de Philippe Starck y Zaha Hadid, gane interés “un lugar que representa el espectáculo pero que en plena ruina, se niega a sí mismo, niega el espectáculo”- como indica el guía. María Mur, sin embargo, puntualiza: “Tampoco es que reivindiquemos el feísmo. En los 70, Bilbao conoció el esplendor económico, pero la ría olía mal y era una ciudad gris. Era necesario un cambio. Sin embargo, no hay que pasar por alto lo bueno de aquel periodo. Sobre todo en esta ciudad, que a diferencia de otras, jamás reivindicó la belleza de la industria pesada”.
Es posible que la grave crisis que conoció en la década posterior tuviese algo que ver. En los 90, ante la necesidad de dar otra salida a su economía, Bilbao empezó a cambiar. De ser una ciudad industrial pasó convertirse en una ciudad de servicios. Cabe decir que este proceso no es un caso aislado. En Berckeley (California) existe el Shrinking Cities Group, grupo de investigación centrado en la difícil reconversión de ciudades como Detroit, Manchester o Johannesburgo. Curiosamente, Bilbao con su Guggenheim, aparece en el mapa como un ejemplo de revitalización urbanística. “Es cierto. Pero si en 1997 el museo surgió con una vocación cultural ahora no sé si podemos decir lo mismo. Es más un acontecimiento turístico. Lo curioso es que el parque de atracciones de Artxanda, con su sistema de entrada única, sus carteles que nos prohíben acceder al recinto con comida de casa, y su ausencia de fuentes para inducir a la gente a sentarse en una cafetería y consumir, es un primer paso hacia esa sociedad del ocio y espectáculo que tan bien representa el Guggenheim ahora. Por eso me pareció una coincidencia muy afortunada el que su reapertura coincidiese con el décimo aniversario del museo.” Y es que desde sus ruinas, Artxanda nos confirma lo que Rem Koolhaas ya escribió sobre Coney Island, ese laboratorio de sensaciones al que consideraba “un Manhattan embrionario”. ¿Será cierto que las ciudades tienden a convertirse en un parque de atracciones gigante?

miércoles, 29 de agosto de 2007

El camino menos transitado

El siglo XX debe mucho a Albert Maysles. Junto a su hermano nos mostró a Truman Capote definiendo las reglas de un nuevo género en el asiento trasero de un coche, a un Mick Jagger atónito frente la muerte de uno de sus fans y al Dalai Lama meditando en una habitación de hotel; pero también reflejó el día a día de gente anónima y lo hizo con una libertad inusitada. Hoy, su hermano ya no está junto a él pero el estilo Maysles sigue fresco y vigente. A punto de cumplir 50 años en la profesión, acaba de presentar “The Gates”, y mientras el British Film Institute le dedica una retrospectiva, Hollywood ya prepara una versión de “Grey Gardens”, una de sus obras más impactantes. Se extraña, sin embargo, que tan poca gente siga sus pasos. Pero ¿quién es este hombre?


Los hermanos Maysles ya forman parte de la historia del cine y no porque retratasen indistintamente a Marlon Brando, Muhammad Ali o Yoko Ono. Se les conoce por ser uno de los pioneros del “Direct Cinema”, movimiento que surgió en los años 60 con la comercialización de cámaras portátiles y equipos de sonido sincronizado. Entonces, la idea era rodar con el mínimo de “obstáculos”, es decir: sin actores, ni escenarios, ni scripts. Un enfoque que en su momento fue muy revolucionario porque contribuyó a redefinir el estilo de varios directores, desde Orson Welles a John Cassavettes. Sin embargo, tal y como comenta Maysles, “es llamativo que con los avances técnicos actuales haya tan poca gente dispuesta a seguir nuestros pasos. Desgraciadamente en TV se tiende a trabajar al revés: con equipos de cinco o seis personas y varios focos. Supongo que dejar que las cosas sucedan, sin intervenir demasiado en ellas, requiere una habilidad especial. De entrada, es necesario establecer una conexión con la persona que estás filmando, ganarte su confianza.” Esa conexión a la que alude no implica desnudarse ante la cámara, sino ignorarla, actuar como si no estuviera. Con este punto de partida, Albert y su hermano David rodaron “Salesman” (1968), uno de los tres títulos con el que darían un nuevo rumbo al cine documental. En este caso, seguimos puerta a puerta a cuatro vendedores de biblias en su desesperado intento por convencer a la gente de que compre el “mayor best-seller de la historia”. Entre casa y casa, llama nuestra atención Paul Brennan, un vendedor desubicado que trata de hacer frente a su vacío en un sistema del que es a la vez víctima y perpetrador. Y es que pese a estar rodado en un tono austero, “Salesman” capta momentos llenos de esperanza pero también de auténtica desolación. Además, como explica Maysles, “justo antes de rodar “Salesman”, hicimos “With love from Truman”, donde Capote sentaba las bases de su último experimento literario. Me refiero a “A sangre fría”, libro que narra un hecho real en técnica novelesca. Es lo que hoy se conoce como “novela de no-ficción”. Entonces a mi hermano y a mí se nos ocurrió hacer algo similar. En este sentido creo que con “Salesman” nos desmarcamos del “direct cinema” y dimos un paso más. Sí, conseguimos algo mucho más profundo.”
A “Salesman” le precedió “Gimme Shelter” (1970), documental que sigue de cerca a los Rolling Stones en su gira por Estados Unidos. “Gimme Shelter” es fascinante por varios motivos. De entrada constituye el epílogo perfecto a “What’s happening? The Beatles in USA” (1964), donde presenciamos la eufórica bienvenida que dan los jóvenes americanos al cuarteto de Liverpool. Gritos, coros, pancartas, empujones, carreras por la terminal del aeropuerto, despliegue policial… Nos dice más de los Beatles la reacción de sus fans que sus propias declaraciones. En “Gimme Shelter” sin embargo, el punto de partida es distinto. Lo que empieza siendo un documental sobre los Rolling Stones desde el escenario y tras él, acaba convirtiéndose en un drama cuando unos de las asistentes al concierto es asesinado a puñaladas por un miembro de los Ángeles del infierno. Sucede en Altamont, a pocos metros del escenario y una de las cámaras ha logrado captarlo. A la inocencia y agitado bullicio de los primeros días, se contraponen un público desmelenado y aturdido por las drogas y un Jagger confuso que pregunta a la masa “quién se está peleando y por qué”.
Considerada una obra de culto, su siguiente trabajo, el lírico e inquietante “Grey Gardens” (1975) tampoco dejó a la crítica indiferente. Se centra en la enfermiza relación entre big y little Eddie -tía y sobrina respectivas de Jackie Kennedy- que vivieron varios años recluidas en una decrépita mansión de 28 habitaciones, con agujeros en las paredes, mapaches y varios gatos. Además de ser un retrato fascinante de una relación madre-hija, “Grey Gardens” supone un cambio. A diferencia de sus anteriores films, los personajes no parecen olvidarse de la cámara. Aquí se establece un juego, una seducción. “Es cierto. Ellas pertenecían a una familia aristócrata y lo que querían era bailar y cantar pero para alguien de su estirpe eso no estaba bien visto. Quizá por eso acabaron encerrándose en su propio mundo. Muchas veces nos han preguntado por qué dos personas recluidas iban a dejarse filmar. Yo creo que esta película les sirvió de puente para corregir esa distancia entre la realidad exterior y la suya propia, así que no considero que nos aprovecháramos de ellas, sino todo lo contrario.”
Hoy por hoy, Albert Maysles sigue adelante con su productora. Además de rodar anuncios, acaba de presentar “The Gates”, su sexta colaboración con los artistas Jean Claude y Christo, y prepara “In Transit”. Cuando le pregunto si en toda su carrera no ha tenido nunca la sensación de ir tras la pista equivocada o se ha sentido decepcionado, contesta: “No, nunca he tenido esa impresión porque lo importante es no ir con una idea preconcebida, estar abierto a cualquier cosa. Se ha elogiado a Shakespeare por su capacidad de distanciarse de cualquier punto de vista. Yo trato de hacer lo mismo.” No en vano sus documentales tienen algo muy shakesperiano: la ironía y el drama están siempre presentes y el componente humano tiende a predominar sobre la descripción de los hechos. Su obra, sin embargo, nos plantea siempre el mismo interrogante: ¿hasta qué punto uno puede ser objetivo sin renunciar a tener un estilo? Y es que por muy firme que sea su empeño en capturar la realidad “tal cual”, desde “Meet Marlon Brando” a su más reciente “Dalai Lama in N. York”, uno reconoce una mirada, un toque “Maysles”. “Sé a lo que te refieres, pero una cosa no quita la otra. Puedes ser objetivo y fiel a lo que estás filmando sin perder esa conexión que hace que al mismo tiempo, sea un trabajo muy personal. De hecho, muchas veces se ha dicho que el mejor arte tiene un componente autobiográfico y yo tiendo a estar de acuerdo.” –afirma. Eso explicaría que para él, “Salesman” sea la película más importante, “porque de algún modo Paul Brennan, el personaje principal, me recuerda mucho a mi padre. Mi padre tenía un gran talento para la música y sin embargo se pasó toda la vida siendo un agente de correos. Como Brennan, era un hombre con un gran potencial sólo que estaba en el lugar equivocado.” Pero, ¿existe una decisión correcta? En “Grey Gardens”, little Eddie mira a la cámara: “Y estaré diciendo esto con una visión, en alguna parte, de aquí a la eternidad: dos caminos se bifurcaban en un bosque, y yo, yo tomé el menos transitado, y eso marcó la diferencia.”
Quizá, después de todo, su respuesta esté en estos versos.