lunes, 18 de mayo de 2015

Entrevista a César Aira

















Apreciado César,
En la librería en la que trabajo me dijeron que en 2015 se expondría Teatro proletario de cámara de su amigo y maestro Osvaldo Lamborghini. Cuando oí la noticia, yo, que nací en el 79, en una ciudad que aún celebraba el boom latinoamericano entre tortillas y hamburguesas*, no había leído El fiord ni El niño proletario ni Sebregondi retrocede ni Tadeys. De hecho, de su amigo-maestro sólo conocía el teatro porque en la librería tenemos una edición facsímil. La guardamos en una vitrina, bajo llave. A veces la hojeo, pero sin abrir demasiado sus páginas para no estropearlas o tener que explicarle a un cliente que esas imágenes de mamadas setenteras, bizarramente tuneadas y con textos intercalados (a veces manuscritos y otros mecanografiados) son en realidad otra cosa, pero ¿qué cosa? ¿Una obra de arte? ¿Una novela? ¿Un manifiesto? ¿Un adoquín? (Su semejanza es sospechosa…) Para mí, la respuesta es un misterio, aunque a día de hoy ya haya leído gran parte de los poemas y cuentos de Lamborghini, incluida su novela. ¿Me ha gustado? Sí, en la medida en que me confirma que hay estados que sólo genera la literatura y eso tiene su mérito. ¡Lástima que me haya hecho sufrir tanto! Su amigo, ¿no pudo ser valiente de otra manera? ¿Qué aprendió de las mujeres a las que, según usted, tanto amaba? (Si no se ve en situación de responder a esto, dígame al menos cuál considera que es la mejor innovación de la Historia y por qué. Me intriga.)

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