domingo, 30 de septiembre de 2012

I. Una alegoría económica en forma de cuento infantil

Creo que forma parte de mis viajes escoger mal las lecturas. Me marché el 10 de Septiembre con un Weekend d'estiu a Nova York de Pla, Air Guitar: essays on art and democracy de David Hickey y Las palmeras salvajes de Faulkner. Pla es Pla y en diez días de 1954 le sacó el brillo que pudo a la ciudad de los rascacielos. En cuanto a Hickey es un comisario que escribe a lo gonzo y vive en Las Vegas. Como aborrece a los académicos habla de Perry Mason, los dibujos animados y Flaubert (freaky!). De la novela de Faulkner diré que es una maravilla absoluta pero por mucho que se deborde el Mississipi, nunca llegará al noreste. Así que en este viaje me han acompañado: un paisaje superado por los años, otro que viene del árido desierto y un tercero bien empantanado. En fin, nada de esto tiene que ver con NY... y no será que la ciudad no se ofrece a los contrastes.

Flujos
Zona cero. Leo que los indios vendieron Manhattan por 24 dólares. Aunque un italiano la visitara antes navegando bajo la corona de Francia, fue un inglés patrocinado por una compañía neerlandesa quien la puso en el mapa. Luego holandeses y británicos se la disputaron y lo que se llamó New Amsterdam acabó siendo New York.
Si Koolhaas interpreta esta ciudad como una desbordada proyección de lo que en su día sólo fue un parque de atracciones (Coney Island), desde Water Street se ve un puerto que se fue extendiendo hacia el norte (Bronx) y el este (Brooklyn/Queens) con el progresivo desarrollo del transporte (por mar, tierra -tren/metro- aire y finalmente carretera). ¿Será por eso que celebran tanto sus puentes? Se diría que a esta ciudad le pasa como al capital: siempre necesita moverse. Su crecimiento depende de ello. Mercancías que salen y entran. Puertas giratorias que chupan y expulsan a gente. Pla dice que aún así, no es ruidosa. Yo digo que puede ser tranquila porque con mesas y algo de jardinería hay parches que hacen de pausa. Y luego este ese pulmón llamado Central Park. Menos mal.

En el Museo de las Finanzas aprendí que fue la Guerra Civil la que creó la necesidad de una moneda única para que el ejército pudiera endeudarse, y que dada la abundancia de falsificaciones, Benjamin Franklin ingenió varios trucos, entre ellos, escribir deliberadamente mal la palabra "Pennsilvania"en los billetes para tentar al falsificador a corregir inconscientemente el error (i/y).  El cuento para niños El Mago de Oz esconde, al parecer, una alegoría sobre la discusión que hubo entre los partidarios de respaldar el dollar con el patrón oro (mucho más escaso) y los que preferían la plata (como su autor, que apoyaba el Free Silver Movement).

La carretera de ladrillos amarillos es la falsa promesa dorada, Kansas el estado agrícola endeudado, los zapatos de plata son el camino de vuelta a casa, el Hombre de Hojalata representa la industria americana y Oz, la medida de peso del oro (oz. = onza). (A mí esta adaptación siempre me pareció terrorífica). Como El Mago de Oz, yo veo todo Estados Unidos como una alegoría económica a lo cuento infantil porque a los yankees les encanta la prosperidad y que les cuenten historias. "Really?"-dicen y unas veces me asustan y otras me parecen súper admirables.

1 comentario:

Daniel Valdés Vigil dijo...

Este post es excepcional. Muy bien, Mook. Como ves seguimos leyéndote.
Tu mano.