domingo, 29 de agosto de 2010

A. Loos: Reglas para quien construya en las montañas.

No construyas pintoresco. Deja tal efecto para los muros, las montañas y el sol. El hombre que se viste de manera pintoresca no es pintoresco, sino un payaso. El campesino no viste de manera pintoresca, sino que lo es.
Construye tan bien como puedas. No mejor. No te vanaglories. Y no peor. No te rebajes con intención hasta un nivel más bajo del que fuiste colocado por tu nacimiento y educación. Incluso cuando vayas a las montañas habla a los campesinos en tu lengua. El abogado vienés que habla con el campesino en el dialecto del picapedrero tiene que desaparecer.
Fíjate en las formas en las que construye el campesino pues son de la sustancia acumulada de la sabiduría de sus antepasados. Pero busca el porqué de la forma. Si los adelantos de la técnica han hecho posible mejorar esa forma, empléese siempre esa mejora. La hoz es sustituida por la trilladora.
La llanura necesita una estructuración arquitectónica vertical; la montaña, una horizontal. La obra humana no debe competir con la obra de Dios. El Habsburgwarte estorba en la cadena del Wienerwald, pero el Husarentempel encaja armónicamente.
No pienses en el tejado, sino en la lluvia y en la nieve. Así piensa el campesino, y por ello construye en las montañas el tejado más plano que le es posible según sus conocimientos técnicos. En las montañas la nieve no debe deslizarse cuando ella quiere, sino cuando el campesino quiera. El campesino, por tanto, tiene que poder escalar el tejado sin peligro para su vida, para poder quitar la nieve. También nosotros tenemos que construir el tejado más plano que, según nuestra experiencia técnica, nos sea posible.
¡Sé veraz! La naturaleza sólo se vincula con la verdad. Vive en buena armonía con puentes de hierro entramados pero a los arcos góticos con torres de puentes y saeteras los rechaza.
No temas ser tachado de inmoderno. Sólo se permiten cambios en la antigua manera de construir si representan una mejora, si no, quédate con el antiguo. Pues la verdad, aunque tenga cientos de años, tiene más relación íntima con nosotros que la mentira que avanza a nuestro lado.


Adolf Loos, Reglen für den, der in den Bergen Baut. 1913
Apliquémonos el cuento. Es bello.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, yo siempre le hablo a los campesinos en su lengua. Caundo uno escribe es diferente. A veces caemos en la tentación de intentar explicarlo todo para que se entienda lo que queremos decir. Podemos empezar a hacer de nuevo aquellas obras casi realistas de siglos pasados, los tres mosqueteros, orgullo y perjuicio, grandes esperanzas, mdame bobary, el conde de montecristo, ana karenina, el jugador. Estas obras rayan la claridad.
Sin embargo escogemos ponerlo difícil, exigir un esfuerzo por parte del lector. Adjetivamos de una forma loca porque deseamos que se entienda la esencia, la expresión de nuestras convicciones, que se intuya la idea. Una metáfora ya no es decir que una mariposa es una flor con alas, una metófora en estos tiempos es buscar el adjetivo que exprese algo que no parece existir y compremote a la frase en un sinsentido. Sin embargo parece entretenido y si hemos de escribir al menos que sea divertido. Yo siempre le hablaré a los campesinos en su lengua, porque formo parte de ese mundo, tengo conciencia de clase que le voy a hacer!. Por nacimiento aún no he llegado tan alto. La próxima vez.

buen rollo, y despertador musical

emmm, está mucho mejor sin el salvavidas

Anónimo dijo...

Veo que aquí hay fondo de librería...Muy bonita la cita de Adolf Loos. ¿Sólo lo útil es necesario? La decoración sirve para llamarnos la atención, pero para también distraerla. Las cosas que de verdad son no nos distraen, son. Ornamento y delito aparecen juntas en el pensamiento loosiano. Un hombre va caminando por la acera y le cae una maceta en la cabeza desde un balcón. Lo que decoraba cayó, y mató. Bueno, no era éste el delito del que hablaba Loos...Pero, en fin...

Anónimo dijo...

Tiene gracia, y es interesante, why not? que prefiramos el anonimato. Resulta un ahorro de prejuicios, una economía de pretensiones, un economato de suspicacias. O no.
Me ha llamado la atención eso del delito y el ornamento, porque efectivamente, un exceso de ornamentación puede causar un accidente. Un accidente en sí puede resultar lamentable, un accidente por la ligereza del ornamento, por la distracción de lo real y necesario, no sólo es lamentable sino censurable. Concluyamos que lo real, los ciemientos son lo importante, el adorno es prescindible. sea.

porlatangente dijo...

Muy bien vuestros posts. ¡Viva Adolf Loos! De él aprendí tantaaas cosas. Mi artículo preferido es uno en el que se hace pasar por crítico musical y otro que habla de cómo diseñarle la casa a un nuevo rico. Te partes. Encima al morir pidió un cubo de hormigón "pero no muy pequeño. Parecería un tintero...". Le adoro por tener la lengua tan afilada pero sus ideas tan justas. Es uno de mis 5 personajes preferidos.

Koré dijo...

Es la primera vez que te leo y me ha gustado mucho el post. Te seguiré la pista a ver qué pasa jaja

γγo=oγγo dijo...

EN Si la forma debería ser su fondo, y todo lo que no sobraría:
¿un jefe de estado va en pijama de rayas a recibir a otro? un militar «es» la imagen del orden, un miliciano ¡el desorden!; hablarle a un campesino o a cualquiera para que «entienda» éste, pudiese ser una antipatia y una presunción de altivez, exagerar las pendientes de los techos es peligroso hasta para el ego...
lo que se es, se es con dignidad...