miércoles, 14 de marzo de 2007

Picturing the Modlins (parte I)


Los martes, cuando los vecinos se deshacen de parte de su mobiliario y con ellos se amputan un cacho de intimidad, yo bajo a la calle a fisgar. Hay muebles muy bonitos. Son esqueletos de madera con más o menos carcoma. Miro, monto, abro… Los cajones están vacíos pero ¿y si por un descuido todos ellos fuesen a la calle con las tripas llenas? ¿ Y si, como yo, cualquier martes, otro desconocido diese con el pupitre o la cómoda que hay en casa de mis padres, y leyese la respuesta de José Luis López Vázquez a una carta que le mandó un joven estudiante con nombre de pintor, o descubriese todas las postales-fetiche de mi madre (que si la virgen de Montserrat, que si vistas desde la cala Conca, que si Las Meninas); o esa colección de sellos que acabó en monedas, y todo porque a una cría de pelo imposible la palabra numismática le sonaba aún más exótica que filatelia…? ¿Y si, fisgando un poco más, rescatara ciertas fotos como las de mi hermana mayor regresando de Galena-Kansas con pantalones elásticos y la bandera yankee; o las de mi hermano con una cazadora negra plagada de parches, posando en su cuarto bajo un falso cielo lleno de aviones que él mismo montaba; y viese a mi madre sosteniendo un Oscar de plástico a la mejor mamá, con un puro en la boca o una peluca morada a lo Virtudes… “Es que es el último grito en Londres”- decía, sacándose de la manga otra de sus modas; y a mi padre con el periódico en la mano y geto de crucigrama, sentado al volante de un SEAT 124 marrón que bautizamos como Troncomóvil; o a mí misma, embutida como un buzo en mi disfraz de la pantera rosa, o con camisetas fucsia de Fiorucci, bebiendo en pajitas multicolores de las que hacen loopings…? "Menudo cuadro...", pensaría. Aunque esto no es NADA en comparación con lo que descubrió un tal Paco Gómez en la Calle del Pez.

Lo explicaban en El País el otro día. Paco Gómez, fotógrafo andaba fisgando por la basura de la calle del Pez cuando dio con una serie de fotos, cartas y las instrucciones de una batidora. Intrigado, empezó a buscarle un sentido a todo aquel material y fue así como destapó una vida. La de los Modlin. Aquí os adjunto los trozos que considero más relevantes del reportaje. Es muy guay.

“Margaret Marley y Elmer Modlin se conocieron en 1948 actuando en una obra de teatro en la Universidad de Carolina del Norte. Se enamoraron. Un año después se casaron y decidieron marchar a Los Ángeles en busca de fama, independencia y libertad. Tuvieron un hijo, Nelson, en 1952. (…) A principios de los sesenta, Elmer era un actor popular de la televisión gracias a su papel de enfermero en la serie "Hospital General" y sus colaboraciones en "Embrujada". Mientras, Margaret estudiaba un posgrado de arte…
Los papeles de segundón del padre apenas si podían mantener la alegre vida familiar. Los Modlin decidieron entonces abrir un restaurante vegetariano, poco frecuente aún en la época, al que se aficionaron escritores como Orson Welles, Anaïs Nin, Aldous Huxley y Henry Miller. Este último se convirtió en piedra angular de la pareja. Ambos le idolatraban; Margaret releyó hasta siete veces su libro "El tiempo de los asesinos", sobre Rimbaud, y le agasajó con cientos de misivas. (…)
Un golpe de suerte sacudió a Elmer cuando logró un pequeño papel como uno de los adoradores en “La semilla del diablo”, pero después no volvió a recibir más ofertas de cine. La falta de trabajo y el estallido de las revueltas raciales de Watts en Los Ángeles preocuparon a los Modlin. Seis días, 34 muertos, miles de heridos, 4.000 detenidos y cientos de edificios en llamas…
Un hombre degusta su cerebro con una cuchara en un cuadro que Margaret pinta. Estaban hartos. La ilusión de Hollywood se había roto. Henry Miller les anima a viajar a España...”

Fin de la primera parte.

5 comentarios:

teddy dijo...

sigo atento a la segunda parte...
ah! dime que te ha parecido lo que te he mandado...

puaj dijo...

en la segunda parte hablarás también de tu familia??
escribe escribe

bao_bao dijo...

Qué emoción qué emoción... No creo que acaben en la China, ¿no?

g_ dijo...

Me ha encantado, espero la siguiente parte.

eva lamarca dijo...

me alegro que os haya gustado