lunes, 10 de diciembre de 2007

Paréntesis.

"Permanecer sentado en sí mismo sin perder el calzón"
Está muy bien esto de tener una idea profunda, pero no me parece suficiente. O sea, quiero decir: voy a suicidarme y a prenderle fuego a la casa dentro de unos meses, así que es obvio que no puedo pensar que me sobra tiempo, tengo que hacer algo consistente en el poco que me queda. Y sobre todo, me he planteado a mí misma un pequeño reto: si uno se suicida, tiene que estar seguro de lo que hace y no puede quemar la casa para nada. Entonces, si hay alguna cosa en el mundo por la que valga la pena vivir, no me la puedo perder, porque una vez que uno se muere es demasiado tarde para arrepentirse de nada, y morir porque te has equivocado es una tontería como un piano.


Extracto del Diario del movimiento del mundo, escrito por una niña de 12 años que vive en el número 7 de la calle Grenelle, pero que odia a toda su familia. Os adelanto que de no suicidarse, de mayor, esta niña quisiera ser portera.
A título personal he de decir que teniendo a la portera que tiene, es una aspiración más que razonable... y que pese a la terrorífica foto que han puesto en la portada, el libro en cuestión, acaba bien.

Se llama "La elegancia del erizo", de Muriel Barbery.

3 comentarios:

puajh dijo...

Jo tia que forma de desbaratarnosss el argumentamentooo
Dejanos ver como acaba por nos mism@ss... Estropeonaaa!

PD:Gracias por las sugerencias de lectura doctora Por
(:)··[

yprh dijo...

Uy, qué niña... Y lo corta que es la vida, si fuese más larga aún se podía pensar en el suicidio, pero no te dan opción, te mueres enseguida. Y si no, que se lo pregunten a un africano.

porlatangente dijo...

Tela telita el post de Yolanda. A ver de pequeños, todos hemos pensado en suicidarnos para llamar la atención. Yo lo pensé una vez que vacíe mi plato de lentejas, tirándolas por la ventana y fue a parar a unos bonitos geranios. La variante es perder el habla o esconderse. Como mi madre era una mujer despreocupada a veces me soltaba de su mano, para ver cuanto tardaba en darse cuenta de mi ausencia pero ella siempre ganaba.